Siempre dormí sola, a lo mucho dormía con alguno de mis hermanos, si es que era necesario. Pero dormir acompañada tooooodos los días es otra cosa, una mucho, pero mucho más buena.
Amo que mi marido me abrace para dormir, a pesar de que a veces ronca un poquito, o que incluso en ocaciones llega de algún carrete con olor a cerveza, nada de eso es importante, lo único que importa es que nunca más quiero dormir sin él.
Esta experiencia de dormir juntos se vuelve aún más subliminal y exquisita cuando nuestro pequeño Joaquín llega a acompañarnos, y ahí los dos abrazamos a Joaquinito (que no es mucho de abrazos, porque en realidad lo suyo es estar siempre acalorado, más bien empieza a botar el plumón con sus patitas para evitar el "bochorno") y juntamos nuestras piernas para no perder el calorcito.
Y todo esto termina cuando una tiene que despertar y levantarse, pero no hay nada mejor que empezar el día con un beso de mi marido y con muchos "babesos" de mi Joaquinín.
Los adoro a los dos

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dijeron así